Padres rotos en un país de discursos: cuando la política sacrifica familias para salvar su chiringuito.

Hay un padre mirando el teléfono a las diez de la noche.

No espera una llamada glamurosa.
Espera un “papá, buenas noches”.

Pero hoy tampoco suena.

 

Mientras tanto, en los despachos, entre aplausos, focos y pancartas, la política presume de proteger a la familia. La realidad, sin embargo, es otra cosa: hijos convertidos en botín, padres proscritos, madres atrapadas en un sistema que promete amparo… y entrega desgaste. Y un Estado que ha cambiado la justicia por el eslogan.

La pregunta duele porque es verdad:

  • ¿Cómo afecta la política actual a los padres separados?
    ¿Es la violencia solo del hombre hacia la mujer?
    Si la violencia vicaria se reconoce solo en una dirección… cómo se llama la que se ejerce de madre a padre usando a los hijos?

Y la respuesta, hoy por hoy, es escalofriante: no se llama de ninguna manera.

Pero desarrollemos el artículo como se merece:

  1. Cuando la política entra en casa con botas de poder

Desde la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004, España dio un paso necesario para proteger a miles de mujeres que vivían atrapadas en el infierno del maltrato. Eso es indiscutible.

Lo que sí es discutible —y cada vez más— es que esa protección se haya transformado en una presunción automática contra el hombre en el ámbito familiar, civil y penal.

Hoy basta una denuncia para que se activen de forma casi mecánica:

  • Órdenes de alejamiento.
  • Suspensión de visitas.
  • Expulsión del domicilio.
  • Señalamiento social inmediato.
  • Todo antes de probar nada.

Y aquí entra en colisión con el artículo 24 de la Constitución Española, que consagra la presunción de inocencia como pilar del Estado de Derecho. Pilar que, en demasiados juzgados de familia, ya está agrietado.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial, miles de denuncias terminan cada año en archivo o sobreseimiento. Pero cuando eso ocurre, nadie devuelve el tiempo robado a los hijos ni la reputación arrasada del padre.

El castigo preventivo se queda. La absolución apenas se oye.

  1. Ser padre separado hoy: pagar, callar y desaparecer

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística son claras: más del 80% de las custodias exclusivas siguen siendo maternas. El padre queda reducido al papel de:

  • Pagador principal.
  • Visitante intermitente.
  • Figura periférica.

Y mientras tanto:

  • Dos viviendas que mantener.
  • Pensión de alimentos garantizada por vía judicial.
  • Trabajo precario.
  • Y una economía que no da para llegar al final de mes… ni al final del alma.
  • Pero el discurso político jamás habla de esto.
    Porque el padre pobre no da votos.
  1. Violencia de género: una realidad que NO es la única

Que nadie mienta:
la violencia contra la mujer existe, mata y destruye. Eso no se discute. Lo que sí se discute es el monopolio del dolor.

Porque también existe:

  • Violencia psicológica hacia el hombre.
  • Violencia económica.
  • Violencia institucional.

Y una violencia silenciosa y devastadora: la sustracción del vínculo paterno-filial.

Cuando un hombre daña a un hijo para herir a la madre, se llama violencia vicaria.
Cuando una madre destruye emocionalmente al padre utilizando a los hijos, no se llama nada.

No existe en la ley. No existe en las campañas. No existe en los protocolos. Y lo que no existe… no se protege.

  1. Pulseras, fallos y mentiras: cuando el protocolo hace aguas

Se nos ha vendido la tecnología como salvación.
Pulseras telemáticas, protocolos, alertas, sistemas “infalibles”.

  • Pero cuando fallan —y fallan— nadie asume responsabilidades.
    Se miente.
    Se maquilla.
    Se manipulan los relatos.

Porque reconocer errores pone en peligro el chiringuito:
subvenciones, cargos, asesores, observatorios, ministerios duplicados… una industria entera levantada sobre el sufrimiento real de la gente.

  • Los fallos se tapan.
    Las estadísticas se retuercen.
    La culpa siempre es del mismo.
  1. Hijos rotos: los grandes olvidados del sistema

A esta política no le importan los hijos. Eso duele decirlo, pero cada juzgado lo grita en silencio.

Niños que:

  • No pueden hablar de su padre.
  • Aprenden que querer a uno es traicionar al otro.
  • Crecen entre denuncias, informes, peritos, autos judiciales.
  • Y acaban heredando un conflicto que no crearon.
  • Eso también es violencia.
    Pero no cabe en los discursos de campaña.
  1. La gran hipocresía: sueldos blindados, pensiones máximas y familias destrozadas

Y mientras tanto, arriba, en la cúspide del sistema:

  • Sueldos desorbitados.
  • Pensiones máximas aseguradas.
  • Seguridad social de por vida.
  • Blindajes políticos.
  • Puertas giratorias.
  • Y, en demasiados casos, paraísos fiscales.
  • Sin dar un palo al agua.
    Mientras abajo, las familias se rompen a martillazos legales.
  • A los hijos les quitaron al padre.
    A los padres les quitaron la voz.
    A las madres les vendieron un relato que también las destruye.
  • Pero ellos… ellos siguen viviendo de esto.
  1. No es una guerra de sexos: es una estafa moral

Esto no va de hombres contra mujeres. Va de poder contra ciudadanos. Va de una política que ha convertido el dolor en negocio. El género en trinchera. Y la familia en campo de batalla.

  • El padre no es el enemigo.
    La madre tampoco.
    El enemigo es un sistema que necesita conflictos para justificar su existencia.

Cuando el padre también sangra… pero no sale en la foto

Hay un padre solo en una cocina.
Dos cubiertos.
Uno sin usar.

Ese hombre no aparece en las campañas. No tiene ministerio.
No genera subvención.
Pero existe. Y sangra. Y espera.

Y quizás algún día este país tenga el valor de mirarlo a la cara
sin llamarlo verdugo por defecto.

 

 

Juan Carlos López Medina

Presidente Nacional APFS

Un comentario de “Padres rotos en un país de discursos: cuando la política sacrifica familias para salvar su chiringuito.

  1. Malena Cruces dice:

    Excelente artículo Juan Carlos, apeobar la falasia de la violencia vicaria es lo peor que le puede pasar a un pais, nosotros en México ya la tenemos en 31 estados de los 32 que tenemos, o sea que es una imposición a nivel global qué no tiene pies ni cabeza, totalmente inconstitucional, dicho por juristas expertos. Muy triste lo que está pasando

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